Club de Pensadores Universales

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domingo, 27 de agosto de 2017

La Vida es Sueño, de Calderón de la Barca

     La Vida es Sueño es una obra de teatro de, Pedro Calderón de la Barca estrenada en 1635 y perteneciente al movimiento literario del barroco. El tema central es la libertad del ser humano para configurar su vida, sin dejarse llevar por un supuesto destino.
Temática
     La concepción de la vida como un sueño es muy antigua, existiendo referencias en el pensamiento hindú, la mística persa, la moral budista, la tradición judeocristiana y la filosofía griega. Por eso ha sido considerada incluso un tópico literario.
     Según Platón, el hombre vive en un mundo de sueños, de tinieblas, cautivo en una cueva de la que sólo podrá liberarse tendiendo hacia el Bien; únicamente entonces el hombre desistirá de la materia y llegará a la luz.
     El influjo de esta inflación platónica en la obra es evidente: Segismundo vive al principio dentro de una cárcel, de una caverna, donde permanece en la más completa oscuridad por el desconocimiento de sí mismo; sólo cuando es capaz de saber quién es, consigue el triunfo, la luz. Calderón, muy cabalmente, adoptó la forma del drama filosófico para abordar un gran caudal de temas confluyentes en este foco y en este tópico literario, platónico en su raíz occidental:
·         Como drama religioso, aborda los problemas de caída o pecado original y expiación.
·         Como poema filosófico, resuelve el destino del hombre y la fuente del conocimiento y los problemas aparejados del libre albedrío y la predestinación.
·         Como lección moral propia del barroco y la Contrarreforma, desengaña sobre las ilusiones y las vanidades de este mundo.
·         Como drama educativo y poético, instruye sobre lo que es el hombre sin el freno de la educación.
·         Como protesta revolucionaria, ataca el principio absolutista y ajurídico de la orden reservada que sofoca la libertad bajo el pretexto de evitar sus extravíos.
·         Como lección política, "porque en batallas tales / los que vencen son leales / los vencidos, los traidores," enseña a los pueblos a lo que conduce el mal uso de la libertad y las guerras civiles.
·         Combate, además, la locura de los presagios y juicios de la astrología.
·         Describe los progresos que realiza el hombre y la humanidad entre desengaños y deseos.
·         Prueba que las pasiones comprimidas por un ascetismo no libre, sino forzado, estallan con tanta más fuerza cuanto mayor es la represión.
·         Desde un criterio psicoanalítico, expresa la superación o sublimación de los conflictos edípicos.
·         Inspira a la filosofía del solipsismo que ha negado realidad al mundo exterior... Todo esto y mucho más, si más se examina, es 

La Vida es Sueño.

História
     La Vida es Sueño se estrenó en 1635. Al año siguiente fue publicada en la Primera parte de las comedias de don Pedro Calderón de la Barca.
Estructura
     Consta de tres actos o jornadas. La primera jornada, que tiene ocho escenas, se desempeña como contextualizador (es decir que en ella se presenta a los personajes y la ubicación espacio-temporal de la historia). En la segunda jornada, que tiene diecinueve escenas, aparece el conflicto, nudo o problema. Y en la tercera jornada, de catorce escenas, tiene lugar el desenlace o resolución.
Género.
     La obra tiene un tono dramático, perteneciendo al género teatral propio del Barroco, el drama. En ella se mezcla lo trágico con lo cómico para obtener un público amplio, tanto popular como noble. A la muerte de Lope de Vega, Calderón continúa con la evolución del teatro que había dejado planteado; así en, La Vida es Sueño pueden verse algunas de las características de esta nueva forma de comedia instituida por Lope de Vega.
Personajes
·         Segismundo: Es el personaje principal, pretexto de esta obra. Viéndosele en un principio como hombre-fiera, se lo describe como alma reprimida, muy reflexivo, alterado por su larga reclusión. A lo largo de la obra, va evolucionando: al principio busca la venganza, comportándose en forma cruel y despiadada, pero luego aparecen en él ciertos rasgos de humanidad (al perdonarle la vida a Basilio demuestra que ha cambiado y logra vencer a su destino).
·         Rosaura: Personaje principal femenino, que une fuerzas con Segismundo para impedir que Astolfo se convierta en rey y así evitar que se case con Estrella. Cuando llega desde Moscovia a la corte, oculta su identidad, haciéndose pasar por una criada. Durante la obra descubre que es hija del ayo de Segismundo, Clotaldo. Finalmente, declarada noble, puede casarse con Astolfo.
·         Basilio: Rey de Polonia, padre de Segismundo. Es un hombre preocupado por lo que pueda sucederle a su pueblo. Es débil e indeciso. Sus campos son las matemáticas, las ciencias y la astrología, no demostrando realmente una sabiduría orientada hacia el gobierno. Teme a Segismundo desde que ha escuchado el oráculo que le dice el hado. Al final admite sus errores.
·         Clotaldo: Lacayo de Basilio. Es el único, aparte del rey, que puede ver a Segismundo. Le ha enseñado a Segismundo todo lo que sabe. Se muestra como un personaje anciano, que ha vivido anteriormente aventuras amorosas (es el padre secreto de Rosaura). Como personaje-tipo representa la superstición.
·         Astolfo: Duque de Moscovia, con el que Basilio hace un trato para mantener el trono de Polonia. Está dispuesto a casarse con Estrella a pesar de amar a Rosaura. Al fin consigue su amor deseado.
·         Estrella: Bella y noble infanta de la corte de Basilio dispuesta a casarse con Astolfo para heredar el trono (Astolfo y Estrella son primos y sobrinos de Basilio). Al fin acaba casándose con Segismundo.
·         Clarín: Compañero de Rosaura. Es muy ingenioso, responde al arquetipo de cómico.
Argumento
Jornada Primera
     Se inicia con Rosaura, vestida de hombre, y Clarín que llegan hasta la cueva. En el momento en que entran, Segismundo pronuncia su primer monólogo. Y cuando el preso se da cuenta de que no está solo, intenta matar a Rosaura pero luego le perdona la vida. Irrumpe Clotaldo, seguidor de Basilio y ayo de Segismundo, y detiene los dos viajeros por encontrarse en lugar prohibido. Clotaldo entonces reconoce la espada que ciñe Rosaura: es la espada que había dejado a la madre de Rosaura, abandonándola. Sin embargo, Clotaldo no reconoce aún ante todos a quien cree ser su hijo y encubre lo descubierto, decidiendo llevar ante el rey a su hijo (Rosaura) y al gracioso, Clarín.
     El rey Basilio, revela la existencia de su hijo, Segismundo, que había provocado la muerte de la reina Clorilene al nacer. Cuenta el terrible nacimiento de su hijo y explica lo que vaticinó al leer en las estrellas: Segismundo sería un rey tirano y cruel. Basilio decidió hacer una prueba y dar una oportunidad a su hijo. Lo llevarían a palacio pero de manera que si efectivamente resulta ser un tirano su estancia en el palacio le parezca tan solo un sueño. Si Segismundo resulta tener templanza y razón, será el heredero del trono, si no, lo serán Estrella y Astolfo, unidos por matrimonio (los siguientes en línea de sucesión).
     Tras confesar a todo el pueblo la existencia de su hijo, deja libres a Rosaura y a Clarín. Pero Clotaldo quiere saber quién es el enemigo de Rosaura, la cual vino a estas tierras para satisfacer un agravio, y preguntando averigua que es el sobrino del rey, Astolfo, cuyo casamiento con Estrella quiere evitar Rosaura.
Jornada Segunda
       Basilio ha ideado un engaño para ver si Segismundo es realmente cruel: lo llevan dormido a palacio y le permiten ver cuál sería su destino, pero guardándose la posibilidad de hacerle creer que todo fue un sueño, en caso de que se demuestre malvado.
Rosaura entra de dama de Estrella con el falso nombre de Astrea.
    Segismundo se comporta como un príncipe déspota lanzando un criado por la ventana al poco de despertar, intenta forzar a Rosaura, hiere a Clotaldo que sale en ayuda de su hija, y se enzarza en una pelea a espada con Astolfo. En vista del comportamiento, el rey Basilio decide volver a dormirlo y llevarlo de vuelta a la torre.
     Astolfo corteja a Estrella, pues con su unión compartirían la sucesión en lugar de competir por ella, una vez que Segismundo ha quedado fuera de juego. Astolfo descubre que Astrea es en realidad Rosaura y rompen definitivamente.
     La jornada termina con el monólogo de Segismundo encerrado nuevamente en la torre. Los últimos versos de este monólogo son los que dan nombre a la obra:
¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño;

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.
Jornada Tercera
       El pueblo de Polonia, al saber que tiene un príncipe heredero, organiza una revuelta y libera a Segismundo de su torre. Segismundo libera a Clotaldo permitiéndole ir con el rey, demostrando que ha recapacitado sobre su comportamiento.
     Las tropas del Rey y las del príncipe se enfrentan y vencen las de Segismundo, se encuentran ambos cara a cara y el Rey se pone en manos de Segismundo, pero este se postra ante los pies del Rey, aceptando incluso el hecho de que el rey, Basilio, quiera darle muerte debido a que se haya levantado contra él. Sin embargo, en vista de la generosa actitud de Segismundo el Rey le deja el trono.
Análisis del Soliloquio de Segismundo
     La vida es sueño es una de las obras de Calderón de la Barca más conocida y estudiada. Dicho interés reside en su complejidad filosófica, pero también en el notable armado dramático. Sin embargo, desde que Marcelino Menéndez y Pelayo (1910) clasificara a la obra como drama filosófico, la crítica ha hecho hincapié en los problemas existenciales de la obra, desatendiendo a veces sus características específicamente formales, dramáticas. En relación con el primer punto, se pueden señalar algunos ejes que constituyen los temas filosóficos centrales; la oposición entre destino y libertad, el tópico de la vida como sueño y la tematización del autodominio. Estos temas centrales subordinan otros como la educación de los príncipes, el modelo de gobernante, el poder o la justicia, que más tarde vamos a ir relacionando con el soliloquio de Segismundo.
     El soliloquio de Segismundo está separado en siete décimas a excepción del primer verso. Cada décima es octosílaba y en cada una de ellas se encuentra un planteo filosófico de los grandes debates entre la reforma protestante y la contrarreforma católica. En el final del segundo acto termina el soliloquio que se considera como el más famoso del drama español. Segismundo piensa en la vida y en su suerte comenzando con el verso, “Sueña el rico en su riqueza que más cuidados le ofrece.​”
Decimas Uno y Dos
Marco
       La obra está dividida en tres jornadas las cuales se desarrollan en dos sitios diferentes, la torre de Segismundo y el palacio de Basilio. La primera jornada ocurre en la torre de Segismundo a la cual llegan Rosaura y Clarín después de una travesía por un monte. La segunda jornada se desarrolla en el palacio de Basilio y es donde Segismundo toma el poder sobre Polonia, al final de esta jornada Segismundo es devuelto a la torre por su padre. Este manejo de los sitios construye una oposición simétrica que es quebrantada en la última jornada cuando surge el “campo de batalla” donde se enfrentan padre e hijo en una fervorosa batalla por el poder, donde termina victorioso el hijo y perdona a su padre. La torre de Segismundo se encuentra rodeada por un monte enmarañado, es un recinto reducido en el cual se encuentra este hombre encadenado, cubierto de pieles, mitad bestia mitad hombre, pero muy culto con conocimientos sobre todos los temas de índole religioso. Todas estas oposiciones entre hombre y bestia, la torre y el monte, comprenden un recurso muy utilizado en el barroco denominado el claroscuro.
Religión
     Debido a la influencia religiosa que tuvo Calderón durante su educación, plantea estos problemas que surgieron en su tiempo, uno de los más citados es el libre albedrío y la predestinación. El libre albedrío que es sustentado por la iglesia y la predestinación que es sustentado por los reformistas protestantes. Ambas tesis tienen apostura bíblica. La resolución de la tragedia indicaría, previsiblemente, la posición de Calderón a favor del credo contrarreformista. El personaje de Segismundo es introducido en la obra cubierto de pieles, encadenado y con una tenue luz sobre su cabeza. Esta situación lo convierte a él en una bestia, pero con el desarrollo del soliloquio podemos observar que Segismundo es un hombre muy culto ya que Clotaldo era el encargado de educarlo. Segismundo es capaz de absorber todo tipo de conocimiento desde mitología griega a geografía mundial que hace alusión en sus menciones sobre el Minotauro y el volcán Etna. En su alusión al minotauro Segismundo no lo hace directamente sino que lo hace a través de un recurso denominado alusión mitológica, en la cual nunca menciona el nombre del monstruo sino que se refiere a donde estaba encerrado: el laberinto. Segismundo es análogo a este personaje de la mitología griega ya que los dos se encuentran prisioneros y ambos son bestias. En su alusión al volcán Etna, Segismundo lo menciona con el fin de demostrar la magnitud de su desilusión y enojo, con respecto a lo que le había sucedido, el estar encarcelado y privado de su libertad. Éste menciona que va a estallar como el Etna; esta exageración es denominada hipérbole. De nuevo se encuentran analogías entre el personaje y los elementos de comparación. Se dice que él va a estallar con verdades dolorosas.
Dualidad
     La representación de la civilización y la barbarie en Segismundo es la dualidad, un tema muy importante en esta obra y típico del barroco. El recurso con el cual se aplica este tema, es la antítesis que funciona contraponiendo dos ideas. En este caso la civilización o la cultura, y la barbarie o la irracionalidad se interponen para crear este monstruoso personaje, que en fin termina siendo una persona comprensiva. Dentro de la obra la antítesis más grande es el personaje de Segismundo el cual representa los términos más opuestos, la civilización y la barbarie mencionados anteriormente.
Décimas Tres
       En el soliloquio el tema más importante es la libertad y el libre albedrío. El autor la trata haciendo que el personaje se compare con todos los animales de la naturaleza y haciendo mención también de los cuatro elementos; el aguala tierrael fuego y el aire, donde para cada una de ellas encuentra un animal. Con lo que primero se compara es con el ave en la tercera décima donde los recursos que utiliza son variados. En primer lugar se puede observar un retruécano donde se mezclan un ramillete de flores con un ala donde la flor toma el lugar del ala y el ramillete toma el lugar de las plumas; “...es flor de pluma / o ramillete con alas....” También en esta décima se hace alusión a la libertad con la que goza un ave cuando él lo que más ansía es poder tener la mínima libertad. Ya todos sabemos que Segismundo fue encerrado por lo que los hados habían dictado, pero por qué, si él ansiaba tanto su libertad, cuando fue libre le privó la libertad a otras personas y no era capaz de reconocer que este efecto podría llegar a ser contraproducente. Para concluir esta décima Segismundo plantea una pregunta retórica: “¿y teniendo yo más alma/ tengo menos libertad?” Estas preguntas se encuentran al final de cada décima, con el fin de cuestionar la existencia de una persona si esta es inferior a todo lo que hay sobre la Tierra.
Décima Cuatro
      En la décima siguiente Segismundo se compara con un animal al cual lo denomina bruto. Esta décima comienza desde el principio con una metáfora la cual es la mencionada anteriormente (la de denominar bruto al animal). También se puede encontrar una hipérbaton donde el orden sintáctico del verso es modificado "apenas signo es de estrellas," luego hace una referencia a Dios por medio de una metonimia la cual lo menciona como el “docto pincel.” En esta décima también podemos encontrar la referencia al minotauro mencionada anteriormente, esta mención hace referencia a su posición académica ya que demuestra sus conocimientos sobre la mitología griega. Para culminar esta décima la pregunta retórica es la siguiente “... ¿y yo, con mejor instinto, / tengo menos libertad?...” está cuestionando a los cielos por qué razón él que es un ser humano el cual según Segismundo tiene más alma y más instinto que un animal y que un ave, no puede tener su libertad. El instinto en la novela no es un tema muy mencionado o fundamental pero este puede relacionarse con el autodominio. Este como problema se expresa en la obra como el triunfo del libre albedrío sobre la predestinación, pero también como una victoria de la conciencia, de la condición humana sobre los instintos y los horóscopos, triunfo que además es característico y virtud propio del buen rey en que se convertirá Segismundo.
Décima Cinco
        En la quinta décima Segismundo se compara con un pez. Los primeros versos se ven plagados de metáforas despectivas hacia estos, “insignificantes animalitos” que viven en tan vasto espacio como es el océano, cuando Segismundo es la completa antítesis de un pez, una persona tan grande, como una bestia encerrada en tan reducido recinto, confinada a vivir en aislamiento completo, sólo manteniendo contacto con una persona, Clotaldo. Segismundo se refiere al pez como un “...aborto de ovas (...) bajel de escamas...” y una imagen visual la cual dice “...sobre las ondas se mira...” aludiendo a las olas u ondas que existen en todo medio acuoso. Al final de esta décima Segismundo cuestiona nuevamente el albedrío, el cual evidentemente es un tema que se repite varias veces en este texto.
Décima Seis
      En la sexta décima Segismundo hace alusión al arroyo, el cual contiene el elemento vital para la vida de todos los seres sobre la tierra, el agua. Segismundo en esta décima se refiere al arroyo como una culebra la cual serpea las planicies en busca de su fin. Este arroyo el cual está destinado a su cauce durante toda su historia y no tiene vida, tiene más libertad que este pobre hombre. En esta décima Calderón utiliza dos sentidos para describirnos el arroyo primero utiliza una imagen visual “sierpe de plataluego una imagen auditiva “músico celebra” y culmina la descripción del arroyo mostrando como este no tiene restricción alguna para vivir ya que este tiene “el campo abierto a su huida" ya que este pide a los “cielos la piedad” y estos se la “dan con majestad." En esta décima la pregunta es “... ¿y teniendo yo más vida/ tengo menos libertad?...” Aquí hace mención a un concepto básico, la vida.
Décima Siete
     Finalmente la última décima utiliza la diseminación y recolección para concluir y cerrar este soliloquio el cual va a dar a conocer la relación entre Segismundo, Rosaura y Clarín. En el comienzo de esta décima encontramos la ya antes mencionada hipérbole sobre el volcán Etna. En esta décima también nos enteramos de que Segismundo cree que todos los hombres de la tierra están en la misma situación que él, ya que la pregunta que se hace es “... ¿Qué ley, justicia o razón/ negar a los hombres sabe/ privilegio tan suave/ excepción tan principal, / que Dios le ha dado a un cristal, / a un pez, a un bruto y a un ave?...” En esta última pregunta retórica, el personaje plantea un privilegio, el cual se convierte en derecho cuando una persona nace, del cual él fue privado desde el momento en que nació, que es la libertad. También esto demuestra un error de conceptos debido al poco roce social que Segismundo tuvo, ya que la única persona que conoce es Clotaldo. Los últimos dos versos sintetizan el monólogo, estos dos son la mención de cada uno de los elementos con los cuales él se fue comparando a medida que el soliloquio ocurría que son; un cristal o el arroyo, un pez, un bruto y un ave.
     Para el ave tenemos el alma, de la que carecen los animales, pero tienen más libertad. Para el bruto tenemos el instinto el cual los animales tienen en sobremanera de forma tal que no lo pueden controlar y en ocasiones deben pagar con sus vidas. Para el pez tenemos el albedrío el cual es el tema fundamental de la época barroca ya que la contrarreforma se basa en el pensamiento del libre albedrío con tal de refutar el ideal de la predestinación de los luteranos. Para finalizar tenemos el cristal o el arroyo el cual hace mención a la vida ya que por un lado es el único de los mencionados que no tiene vida pero es el encargado de transportar el material más necesitado por todos los seres vivos sobre la tierra. La libertad que es el punto de comparación para todas estas preguntas la cual es la relación fundamental de la obra, en la cual todas las lecturas convergen. La representación dramática de la posibilidad o imposibilidad del hombre de decidir libremente su destino, su salvación, recoge las polémicas contrarreformistas sobre el libre albedrío y la predestinación. Aquellos que opten por la predestinación sostendrán que existe un designio divino que condena o salva, mediante la gracia y la Fe, que es un don de Dios, más allá de la forma en que los hombres actúen. Quienes postulan el libre albedrío creen en la salvación a través de las buenas obras que los hombres realicen en su vida.
Conclusión
En conclusión, el soliloquio de Segismundo sintetiza el carácter barroco en setenta y un versos que están plagados de metáforasmetonimiashipérboleshipérbatospreguntas retóricasretruécanosanalogías e imágenes tanto visuales como auditivas. Todos estos recursos se utilizan para demostrar la complejidad del pensamiento de esa época y las dualidades tanto culturales como religiosas en el caso de la reforma y la contrarreforma. Pero al ser una persona tan religiosa, Pedro Calderón de la Barca utiliza su obra para inculcar los dogmas contrarreformistas. Si bien la pieza analizada cuenta con gran cantidad de recursos y temas de esta época, su verdadero valor se encuentra en el planteamiento de la libertad como un bien tan preciado para la vida del hombre, que por estar privado de ella muta a un ser implacable y tirano que pierde control sobre su conciencia y deja que su instinto actúe en su lugar. Esto demuestra la transformación de hombre a bestia, ya que la parte de hombre deja ser dominada por la parte de bestia o, mejor dicho, el instinto. En pocas palabras, Segismundo pierde el autodominio al ser privado de su libertad. Esto lo lleva también a perder su libre albedrío, ya que cuando una persona está cegada por el instinto o por la ira pierde el control sobre su cuerpo y deja de tener toda posibilidad de tomar decisiones sabias y correctas.
Representaciones
La obra, según algunas fuentes, fue vendida por Calderón de la Barca a la compañía de teatro de Cristóbal de Avendaño, que la estrenó en la década de 1630. ​ El actor Manuel Vallejo la representó ante la corte del rey Carlos II el 5 de febrero de 1673 y el 12 de noviembre de 1684​ y el 24 de noviembre de 1695 lo hizo su hijo Carlos Vallejo. ​ En el mismo siglo XVII la obra se estrenaba más allá de las fronteras españolas, en Bruselas (1647), Ámsterdam (1654), Hamburgo (1658) o Dresde (1674).
En el siglo XVIII, solo en los Teatros del Príncipe y de la Cruz ambos de Madrid, se han llegado a computar hasta 47 montajes, ​ algunos de los cuales a cargo de Isidoro Maiquez, uno de los más célebres intérpretes de la época.
Ya en el XIX, de las decenas de representaciones llevadas a escena, pueden mencionarse las de Rafael Calvo en el Teatro Español (1872) o la de Ricardo Calvo en el Teatro de la Princesa (1888). ​
En el siglo XX, pueden mencionarse los montajes en el Español de Ricardo Calvo Agostí y Matilde Moreno en 1918; de José Tamayo, con Francisco RabalMary CarrilloAsunción Balaguer y José Luis Pellicena en 1955; de José Luis Gómez, con Ángel PicazoAna MarzoaFrancisco MerinoLuis Prendes y Ángel de Andrés en 1981; de Juan Carlos Pérez de la Fuente, con Fernando Cayo y Chete Lera; o de Helena Pimenta para la Compañía Nacional de Teatro Clásico con Blanca PortilloJoaquín Notario y Marta Poveda, estrenado en 2012. (Wikipedia)


La Vida es Sueño
de Calderón de la Barca
     Pedro Calderón de la Barca nació y murió en Madrid, España, (1600-1681). Su vida y su obra se caracterizaron por la reflexión filosófica; su teatro tiene como principal motivo la conceptualización de la realidad. Se le considera como un representante del estilo barroco.
     En Polonia hace mucho tiempo, se erguía una extraña torre en medio del bosque. Una tarde, cerca de ella, aparecieron dos forasteros. Eran Rosaura y Clarín, un hombre mayor, quien cansado de caminar dijo, “¡Estoy rendido! ¿Podríamos descansar un momento?” Rosaura le dijo, “Acabamos de cruzar la frontera, y ahora que piso el suelo el caballero que me afrentó, no deseo parar hasta hallarle.” Clarín le dijo, “Pero, ¿Es que de verdad piensas retar a duelo a ese joven noble?” Rosaura le dijo, “¡Claro que sí! Solo de esa manera limpiare mi honra.” Clarín le dijo, “Pues yo en tu lugar…” Rosaura lo interrumpió, “¡Schit!¡Calla!¡Oigo una voz!¡Viene de la torre! Es alguien que se queja…” Clarín dijo, precavidamente, “Vayamos con tiento…” Adentro de la torre se escuchaba un lamento, “¡Ay mísero de mi!¡Ay, infelice!”
     En el interior de aquel tétrico edificio, había un apuesto joven encadenado. “Apurar cielos pretendo, ya que me tratáis así, que delito cometí contra vosotros naciendo. Aunque si naci, ya entiendo que delito he cometido: Bastante causa ha tenido vuestra justicia y rigor, pues el delito mayor del hombre es haber nacido.”
     Clarín y Rosaura se acercaron. Clarín dijo, “¿Quién podrá ser? Si está preso aquí, seguramente es por algún crimen.” Rosaura dijo, “¡Todo esto es muy raro! Pues en su solitario lamento, el joven dice no saber porque le castigan.” Clarín quiso detener a Rosaura y le dijo, “¡Tal vez sea un loco o algo peor!¡Vámonos de aquí! Este sitio puede ser encantado y ser fatal para nosotros.” Rosaura dijo, “¡No digas tonterías, Clarín! Y déjame escucharle.” El preso, cada vez mas atormentado, continuaba su lirico soliloquio. “Solo quisiera saber para apurar mis desvelos (dejando a una parte, cielos, el delito de nacer), ¿Qué más os pude ofender, para castigarme más? ¿No nacieron también los demás? Pues si los demás nacieron, ¿Qué privilegios tuvieron que yo no goce jamás?”
     En ese momento, Rosaura exclamó, “¡Ah, que hermosas y tristes palabras! Hacen que sienta tu sufrimiento como el mío.” Segismundo dijo, “¿Quién está ahí?¿Eres tú, Clotaldo?¿Estas tratando de jugarme una broma o burlarte de mí?” Rosaura, con atuendo de hombre, le dijo, “Soy un pobre forastero, que escuchó por azar tus melancolías.” Segismundo lleno de cólera le dijo, “¡Pues no voy a permitir que un desconocido espíe mi dolor y vaya por ahí contando que Segismundo sufre.” Rosaura le dijo, “Es extraño hallar en un prisionero los escrúpulos crueles de un príncipe. Si deseas darme muerte, dámela. Pero antes dime quien eres, señor.” Clarín pensó, “¡Ha enloquecido!¡hora se pone al alcance de ese lunático!” Clarín dijo en voz alta, “De mi no temas que escuche tus cuitas, porque soy sordo, buen hombre. Y éste, que es mi amo, resulta demasiado joven para morir.” Segismundo vio a Rosaura y pensó dentro de sí, “Ese joven es incauto, si. Pero, sobretodo…es hermoso. Hay algo en él que sorprende y que cohíbe.”
     Enseguida, Segismundo dijo a Rosaura, “No hare nada contra ti, pero has de decirme enseguida de dónde vienes y que es lo que te trae a este lugar.” Rosaura le dijo, “Aquí me trae una pena, una afrenta que vengar. Por ese dolor y esa afrenta abandone mi país y vine a Polonia. Acababa de cruzar la frontera con mi criado Clarín. Entonces escuché tu voz. Al verte a ti, joven vigoroso, lleno de vida, y sin embargo enclaustrado y solo en una torre en medio del bosque…¡Mi propio dolor se empequeñeció! Sentí entonces que, por grave que sea nuestro caso y profunda nuestra pena, siempre hay alguien que sufre más que nosotros. Ahora, si quieres te contaré mi historia y te develaré la razón de mi viaje, y quizá escuchándome, tu dolor se distraiga y encuentres algún consuelo. Soy…”
     En ese instante entró un hombre con dos guardias y dijo, “¡Guardias!¡Apresen enseguida y pasen por las armas a quienes se han atrevido a penetrar en este recinto!” Rosaura dijo, “¿Qué ocurre?” Segismundo dijo, “Déjales ir, Clotado. Ellos han venido a dar a ésta cárcel solo por casualidad.” Clotado dijo, “Bien sabes que quien entra aquí sin mi permiso y el del rey, está condenado a muerte, Segismundo.” Rosaura dijo, “¿Porqué?¿Qué delito hay en acercarse a esta torre y en ver y oír a este desdichado?” Clotaldo se dirigió a Rosaura y dijo, “La estancia de este prisionero es un secreto de corte y no conviene al reino de Polonia que se hable de ello. ¡Entrega tu espada y muere honrosamente joven extranjero!” Rosaura dijo, “No sé porque siento respeto por ti, noble carcelero. Aunque no entiendo tus razones, dispón de mi, puesto que ese es tu deseo toma mi espada.”
     El rostro del hombre palideció, al ver la espada, y dijo, “¿De dónde sacaste esta espada, mancebo?” Rosaura dijo, “Me la dio mi madre al morir…dijo que la portara en Polonia y que me dejara ver con ella por los nobles. Ella aseguró que si lo hacía, uno de los cortesanos del rey de Polonia reconocería el arma, y me protegería. Lo que no me reveló fue la razón que ese caballero podría tener para sentir predilección por un desconocido, solo por llevar esta espada.” Clotaldo pensó, “¡Es la mía, mi antigua espada! La que porté cuando tuve amores con la hermosa Violante.”
     Clotaldo había enmudecido. Uno de sus guardias dijo, al acercarse, “¿Qué hacemos con los intrusos, señor? ¿Los ejecutamos?” Clotaldo dijo, sin dudarlo, “¡No! Los llevaremos ante mi señor el rey. Él decidirá su suerte.” Segismundo dijo, “¡Clotado! ¿Acaso nunca voy a salir de aquí? ¿Viviré acaso siempre en esta maldita torre, sin saber quien soy ni a qué obedece el castigo?” Clotado le dijo, “Será así mientras los Hados lo dispongan, Segismundo. Y yo, que he sido desde que eras niño tu protector y tu carcelero, no haré nada para sacarte de aquí.” Cuando Clotado se retiró, Segismundo quiso forzar sus cadenas, diciendo, “¡Espera!¡No me dejes solo otra vez!¡Maldito!¡Aaaahh!¡Ruega a Dios que nunca se rompan estas cadenas que me mantienen atado al muro! Porque si me veo libre algún día, júro que te mataré.”
     Clotado, los guardias, y sus prisioneros, atravesaron el bosque, y pronto estuvieron ante las murallas de una gran ciudad. Clotado cabalgaba absorto en sus pensamientos, “¡Quien me iba a decir que un día…!¡Oh!¡Cuanto amé a aquella moza llamada Violante! Todo sucedió cuando yo era joven, e iba por los caminos buscando aventuras y fortuna. Recuerdo que bajé de mi caballo y dije, ‘¡Herrero!¡Mi caballo necesita de tus cuidados!’ En lugar del hombrón alto y membrudo que yo esperaba, emergió de aquella casucha, una jovencita bella, quien dijo, ‘Mi padre está enfermo, caballero, y no puede trabajar.’ Yo le dije, ‘¿No me darías tú algo de comer? Pagaré bien.’ Ella me dijo, ‘Le atenderé lo mejor que pueda.’
    Cuando entramos a otro recinto, un hombre en cama, con los ojos vendados dijo, ‘¿Quién anda ahí?¿Alguien viene contigo, Violante?’ Ella dijo, ‘Es un viajero, padre. Cocinaré para él.’ El herrero dijo, “¡No quiero que sirvas a nadie, hija! Me levantaré e iré a la fragua para ganar el sustento!’ Ella lo tranquilizó, diciendo, ‘¡Nada de eso, papá! Necesitas descanso. Tus ojos deben seguir vendados por un tiempo. Entre tanto, deja que yo me encargue de todo.’ Enseguida, me senté a la mesa y ella me dijo, ‘Disculpe usted a mi padre, caballero. Tuvo un accidente en la fragua. Briznas de carbón encendido le saltaron a los ojos. Le he puesto pócimas y curado con ungüentos. El pobre no está acostumbrado a permanecer quieto. Me ha cuidado siempre, desde que mi madre murió. Es un hombre honorable y trabajador como pocos, por esos se siente enormemente desdichado.’
     Yo pensé, ‘¡Es la joven más hermosa del mundo, y la más tierna, y la más valiente, puesto que no la arredra tener que ganarse ahora el sustento y cuidar a su desdichado padre; quien sin duda quedará ciego para siempre!’ Pedí a mi anfitriona que me permitiera cambiar yo mismo las herraduras del caballo. Y accedió de buen modo. Pagué generosamente sus servicios, pero ella me respondió con una lección de dignidad, devolviéndome una parte de mi paga en monedas, y diciendo, ‘Solo aceptaré las monedas que me haya ganado con trabajo caballero.’ Así, me quedé en el pueblo solo por estar cerca de ella. Procuraba serle útil en todo lo que la hermosa me lo permitía. Pero una tarde en que la acompañé a buscar setas, me arrodillé para cortar una, junto a ella, y le dije, tocando su delicada mano, ‘¡Esta es grande y jugosa!’ Ella se ruborizó. Nos pusimos de pie. La tomé de las manos, y le dije, ‘¡Violante!¡La amo con pasión!¿No se da cuenta?’ Ella titubeó, y dijo, ‘Yo…¡Yo también te amo, caballero!
     Desde que llegaste a mi vida, ésta cambió de color y se llenó de imágenes hermosas.’ Le dije lleno de felicidad, ‘Mi bellísima herrerita.’ Aquellos fueron días felices. Y, que Dios me perdone, pero aproveché cada momento para disfrutar de la dulzura de Violante, aún en la casa del herrero, que no podía darse cuenta de nada. Nuestra pasión crecía por momentos, y pronto se apoderó por completo de nuestra voluntad obnubilándonos la razón. Y sucumbimos. La felicidad era inmensa y todo parecía poder mantenerse así, maravillosamente fácil y en secreto. Hasta que un dia, bajando de mi caballo, Violante me dijo, ‘¡Clotaldo! Tengo que comunicarte algo maravilloso. ¡Estoy esperando un hijo!’ Ante mi silencio, ella dijo, ‘¿No dices nada?¿Acaso no te alegra?...No tus ojos han perdido el brillo. ¡Claro! ¿Cómo no o pensé antes? ¡Es imposible que un noble caballero como tú, se alegre de tener descendencia con la hija de un herrero!’ Entonces le dije, ‘Violante, yo…’ Ella me dijo, ‘¡No digas más!¡Lo veo en tus ojos, en el temblor de tu voz…! Si has de dejarme, será mejor que te vayas ahora mismo. Yo criaré a nuestro hijo. Tu sigue en busca de glorias y aventuras.’ Dicho esto, Violante, silenciosa y digna, entro en su casa, y yo me alejé, pensando, ‘No puedo alejarme asi, como un bellaco, sin hacer nada por reparar mi falta.’ Regrese, y le dije, ‘Te dejaré la espada de mi clan, Violante. Perteneció a mi padre, y antes que él, a mi abuelo. Es el símbolo de mi honor y mi devoción a las causas nobles. No sé cómo reparar el daño que te he causado. Tampoco puedo quedarme aquí y casarme contigo. Te dejaré todo el oro que llevo, para que no tengas que trabajar mientras nace y crece nuestro hijo. Volveré a Polonia, mi país. Si alguna vez la criatura que nazca de tu seno necesita del amparo de su padre, mándale allá y hazle portar mi espada. Yo le reconoceré y le ampararé.’
     Ella no respondió. Sus lagrimas eran suaves y amargas. Yo tomé mi caballo y huí. Ya en Polonia, sentí una enorme nostalgia por Violante y por su amor desinteresado y limpio. Sin embargo, no me atreví a volver. Nunca pude amar a otra mujer. Por ello no tome esposa en la corte del Rey Basilio, ni tuve hijos.” Clotado continuó con sus recuerdos, y pensó, “¡Quien iba a decirme que volvería a ver a mi único descendiente, justo en la torre de Segismundo, lugar prohibido a todo intruso, bajo pena de muerte! Entregarlo al rey seria entregarlo a la horca. Tampoco puedo dejarle ir, porque eso sería traicionar al soberano y yo soy, ante todo, un caballero de corte. Diré la verdad al Rey Basilio. Además de mi soberano, siempre ha sido un amigo. Le suplicaré el perdón a mi hijo.”
     En el palacio real de Polonia. Astolfo y Estrella, sobrinos del rey, se ponían de acuerdo para la celebración de su compromiso de bodas. Astolfo la tomo de las manos y le dijo, “¡Será una felicidad para mi tenerte como esposa, querida prima!” Ella le dijo, “No me galantees, Astolfo. Lo que tú pretendes, al casarte conmigo, es unir nuestros derechos de sucesión al trono y nuestras fortunas.” Él le dijo, “No digas eso Estrella. Confieso que siempre he deseado portar la corona, y aumentar mis bienes. Pero además de la conveniencia, me guía el profundo y tierno amor que te tengo. Tu belleza y encanto serán suficiente para encadenarme a ti como el más rendido de los enamorados, aunque no fueras quien eres, ni poseyeras lo que posees.” Ella le dijo, “Eres todo un seductor, Astolfo. Solo espero que cuando nos casemos, me seas fiel, y no vayas a conquistar a otras mujeres.” Astolfo besó su mano, diciendo, “Soy y seré siempre tu esclavo. Tu significas todo para mí. Nunca he querido ni querré jamás a otra mujer, Estrella mía.”
     En ese instante, llegó el rey de Polonia. “¡Estrella!¡Astolfo!¡Sobrinos míos! Me alegra en el corazón que se hayan decidido a contraer nupcias. Así ustedes serán los herederos de mi corona. En vuestros jóvenes y puros sentimientos confío para que sean felices, me den pronto un sobrino-nieto, y hagan de este reino, un paraíso a mi muerte.” Los tres pasaron al gran salón de cortes, donde el soberano anunció, “Yo, Basilio, rey de Polonia, nombro herederos de mi alto cargo, a Estrella y Astolfo, mis sobrinos quienes pronto celebraran sus bodas.” Enseguida, las campanas de todas las iglesias de la ciudad, se echaron al vuelo, se leyeron bandos en las plazuelas, y la gente festejó la buena nueva. El pregonero anunció, “El príncipe Astolfo será nuestro futuro rey.”
     La gente gritaba, “¡Viva el príncipe!” Pero en aquellos solemnes momentos el rey Basilio se disponía a develar oscuro e importante secreto. “Queridos sobrinos, caballeros y damas de mi corte, creo que ha llegado la hora de entregaros mi verdad. Durante veinte años he mantenido oculto a alguien que, en justicia, debería nombrar mi heredero.” Astolfo murmuró, diciendo, “¡Cómo!¿Hay otro heredero?” Estrella dijo, “¿Quién será?” Otro de los presentes dijo, “El rey va a decírnoslo.” El rey continuó, “Ustedes recordarán que desde joven he sido un hombre inclinado al estudio de la astrología. En la posición de las estrellas y los signos siderales, a través de mi telescopio, esperaba hallar mensajes ue descifraran el pasado, el presente, y el futuro.
     Uno de aquellos días aciago, el solo comenzó a oscurecer el horizonte. Yo me dije, ‘¡Que extraño! ¡Son las once de la mañana!’En el mismo instante, mi mujer, la reina Clorilene, daba a luz a un robusto niño. La nodriza se lo mostró, diciendo, ‘¡Es muy hermoso, señora!’ Pero la reina no respondió. Enseguida llegó la nodriza principal y tomó el pulso de la reina, y dijo, ‘¡Su majestad!¡Su majestad!¡Dios mío, ha sucedido algo terrible! ¡Avisad al rey que su majestad, la reina Clorilene ha muerto!’ La nodriza con el niño, dijo al niño en sus brazos, ‘¡Pobrecito de ti, príncipe! ¡Naciste bajo el signo de la desgracia!’ Recuerdo que al revisar mi carta astrológica pensé, ‘Mi carta astrológica anuncia que el día que el sol se vuelva negro, y su luz bendita se esfume, para dar paso a la tiniebla…¡Naceré un crío que humillará, en el futuro, a su progenitor, y le arrebatara la corona!’
     Posteriórmente, fue mi amigo y ministro, Clotado, quien me dio la noticia, ‘Nació vuestro heredero, majestad, un fuerte y rubio niño. Pero el traerlo a este mundo costó la vida de la reina Clorilene, a quien Dios tenga en su gloria.’ Recuerdo que le dije, ‘¡Nace la fiera que, según los hados, va a humillarme y a ceñir deshonestamente mi corona, y muere la dulce mujer que ámo!¡Oh, Dios!¡Ni siquiera el sol alumbra en este día doloroso y aciago!’ Con todo el dolor de mi corazón, recuerdo que le dije, ‘¡Clotado, publica en el reino que el chiquillo nació muerto!’ Clotado exclamó, ‘Pe-pero…¡Señor!’ Lo tomé  los hombros y le dije, ‘Manda levantar una torre solitaria en medio del bosque, cerca de la frontera. Llévale y críale ahí. Que yo no le vea ni sepa nada de él. No soy cruel por gusto, Clotado. ¡Es mi hijo!’ Pero las estrellas me han revelado que cuando sea hombre, me destronará y se levantará contra mí. Debería matarle, pero no me atrévo. Por eso te pido que le mantengas alejado de esta corte. Y sobre todo, que ese niño a quien llamas Segismundo, nunca sepa quién es!¿Entiendes, Clotado?’ Enseguida imaginé que Clotado se fue pensando, ‘El desdichado que nació hace minutos, será un prisionero por toda su existencia, y no sabrá nunca que es el hijo del rey de Polonia.’ Ni siquiera llegué a ver la carita de mi hijo.
     Un dolor terrible se apoderó de mi, cuando Clotado se lo llevaba, y pensé, ‘¡Adiós pobre príncipe mío!¡Ojalá algún día me perdones!’ Desde entonces, Clotado ha sido su tutor, y le ha enseñado todo lo referente a las armas y las ciencias. Por él, sé que es un gallardo joven, inteligente y de fuerte temperamento. Aunque me juré a mí mismo no develar nunca el secreto de su existencia, al nombrarles a ustedes herederos míos, no pude callar más y sentí la necesidad de compartir con mi corte esa pesada carga. Decidan ustedes, amigos míos, si conviene a Polonia dejar que la vida de su legítimo príncipe, se agóte sin pena ni gloria en esa torre o, si por el contrario, será mejor sacarle de allí, y colocarle en el lugar que por estirpe le corresponde.” Los cortesanos gritaron, “¡Queremos a nuestro príncipe!¡Que Segismundo venga al palacio!¡Él debe heredar la corona!” El rey dijo, “Ya que ustedes lo piden, demos una oportunidad a ese joven hijo mío, de mostrar si los astros tenían razón respecto a su verdadera naturaleza.”
     Esto sucedía, cuando llegó el primer ministro, Clotado, y el rey dijo, “Clotado, me alegra verte, pues tengo una importante misión para ti.” Enseguida, Clotado dijo, “Pues yo, majestad, traigo a usted a dos prisioneros. Entraron en la torre de la frontera. Pero os suplico que antes de condenarlos a muerte, escuchéis lo que tengo que deciros al respecto…” El rey le dijo, “¡Puedes dejarlos en libertad, querido Clotado!¡Ya no hay secreto que ocultar! Acabo de revelar a mis sobrinos y a mis cortesanos que el habitante de la torre es Segismundo, mi hijo.” Clotado le dijo, “¡Oh, majestad!¡No se imagina usted cuan oportuno cuan oportuno resulta todo esto! Mi corazón vuelve a latir, y me siento aliviado al saber que mis prisioneros no corren peligro.” Ambos se retiraron, y el rey le dijo en el camino, “Ven conmigo, Clotado. Te diré lo que vamos a hacer con Segismundo.”
     Una hora más tarde, Clotado liberaba a Rosaura y a Clarín, diciendo, “¡Pueden salir!¡Están libres!” Rosaura dijo, “¡Bendito sea Dios, que ha hecho el milagro!¡No en balde recé tanto!” Ambos acompañaron a Clotado, quien dijo, “Les mandaré preparar una habitación en el ala norte del palacio, que es donde yo vivo. Tendrán que compartirla con mi ayuda de cámara por unos días. Más adelante, si deciden quedarse, les mudaré a alguna mejor.” Enseguida, Clarín dijo a solas a Rosaura, “¿Qué vamos a hacer ahora?¡Ese ayuda de cámara te descubrirá!” Rosaura dijo, “Tendré que ser sincera con ese caballero que, a pesar de su severidad, no sé porqué me inspira confianza.” Una vez estando ambos en solitario, Rosaura le dijo a Clotado, “Señor mío, es necesario que os hable en privado.” Clotado dijo, “¿En privado? Está bien, pasemos a mi camerín entonces.” Una vez hecho esto,
     Rosaura se quitó el capuchón que la cubría, y dijo, “No soy mancebo, como os he hecho creer. Me llámo Rosaura, y para viajar con más seguridad, me vestí de hombre.” Clotado se sorprendió, y dijo, “¡Así que eres una mujer!” Enseguida, Clotado se sentó, y dijo, “Pero, en el bosque me hablaste de una afrenta que venias a vengar.” Rosaura dijo, “Se trata de una afrenta de amores, mi señor. Un hombre de éste país, se burló de mí. Luego me abandonó. Yo vine a demostrarle que, aunque soy una mujer, no permitiré que su falsedad quede sin castigo.” Clotado se levantó y dijo, “¡Dime enseguida el nombre de ese bellaco, yo mismo ajustaré cuentas con él!” Rosaura se sorprendió de la reacción de Clotado, y dijo, “No creí que os interesára tanto este asunto.” Clotado se tranquilizó, y dijo, “Bueno, es que…¡Me indigna profundamente que un caballero de esta tierra haya abusado del amor de una mujer!” Enseguida, Clotado la miró a los ojos y le dijo, “¿Cómo se llama ese hombre?” Rosaura dijo, “Astolfo, señor.” Clotado pensó, “¡El sobrino del rey!¿Cómo ajustarle cuentas a tan poderosos caballero? Además….tendría que revelar que Rosaura es hija mía, con lo que se descubriría que yo actué en el pasada aún mas villanamente que él.” Entonces, Clotado dijo, “Ven conmigo, jovencita. Te daré la ropa que te corresponde llevar y una habitación para ti sola. Mañana decidiremos lo que ha de hacerse.”
     Al día siguiente, por la mañana, Clotado se despedía de Rosaura, diciendo, “Debo partir para cumplir con una misión que me encomendó el rey. A mi regréso te presentaré en la corte como sobrina mía. Entretanto, permanece aquí con Clarín.” Poco después, Clotado llegaba a la torre, y Segismundo, estando encadenado, le decía, “¡Clotado! Aunque eres mi carcelero, también eres el único ser humano con quien me está permitido conversar.” Clotado le dijo, “No solo vengo a verte, Segismundo, te traigo como presente, un exquisito licor. ¡Pruébalo!”  Segundos después de apurar aquel brebaje, Segismundo estaba profundamente dormido. Enseguida, Clotado dio la orden, “¡Pronto!¡Quítenle las cadenas!¡Lo llevaremos al Palacio Real!”
     Cuando Segismundo despertó, se hallaba en la recámara del rey, ante un grupo de personas, y dijo, “¿Qué…qué es esto?” Uno de los presentes, le presentó una vestimenta real, diciendo, “Buenos días, alteza” Segismundo dijo, “¿A-Alteza has dicho?” Segismundo se incorporó y se puso la vestimenta, y dijo, “¿Porqué me hallo aquí?¿Qué ocurre?¿Estoy soñando, acaso?” El hombre dijo, “Yo nada puedo decirle, alteza.”
     A continuación, Segismundo fue tocado por la musa de la inspiración, y dijo, “¡Válgame el cielo, que veo!¡Válgame el cielo, qué miro! Con poco espanto lo admiro, con mucha duda lo creo. ¿Yo en Palacios Suntuosos?¿Yo entre telas y brocados?¿Yo cercado de criados, tan lúcidos y briosos?” Clotado interrumpió con su llegada, diciendo, “Vengo a besar vuestra mano, alteza real y señor mío.” Clotado tomó la mano de Segismundo y la besó. Segismundo dijo, “¡Mi propio carcelero besándome la mano con reverencia!” Clotado le dijo, “Estarás seguramente confundido, pero todo esto se debe a que eres el príncipe de Polonia, hijo único del rey Basílio.” Segismundo se encolerizó al escuchar eso, y dijo, “¿Cómo?¿Hijo del rey?¿Y porque viví como prisionero en esa torre hasta ahora?” Clotado explicó, “Naciste durante un eclipse solar. Ello se interpretó como un fatal vaticinio, Segismundo. Según la astrología, estabas destinado a derrocar a tu propio padre. Entonces, él decidió que crecerías sin saber quién eras, en aquella prisión.”
     Segismundo enfrentó  a Clotado, diciendo, “¿Y tú, bellaco, te atreviste a mantenerme encadenado y a criarme peor que a un animal  en cautiverio, sabiendo que era un príncipe?” Clotado dijo, “¡No podía desobedecer al rey!” Segismundo lo tomó del cuello y le dijo, “¡Pues ahora te enseñaré el precio que pagarás por haber tratado tan villanamente a tu príncipe!” Uno de los presentes gritó, diciendo, “¡Suelta a ese anciano, enseguida!” Segismundo dijo, “¿Quién eres para hablarme así?” El hombre dijo, “Soy Astolfo, tu primo y pariente más cercano, después del rey.” Segismundo le dijo, “¡Pues ante mí, de ahora en adelante, te quitarás el sombrero!”
     La indignación se reflejó en el rostro grácil de Astolfo, quien sacó su espada, y se acercó a enfrentar a Segismundo. Clotado detuvo a Segismundo, diciendo, “No debes tratar así a éste joven de sangre real, príncipe!” Segismundo dijo, “Le trataré como se me antoje.” La llegada de una mujer tranquilizó la situación: “¡Bienvenido al Palacio, querido primo! No resistí la tentación de conocerte.” La reacción de Segismundo fue inmediata y brutal. La tomó del brazo, y le dijo, dando un jalón, “¡Ven acá, hermosa hembra, quiero verte de cerca!” Segismundo la tomó de la cintura, y le dijo, “¡Eres tibia y suave como un sueño!” Ella lo rechazó, diciendo, “¡Su-Suéltame, te lo suplico!” En ese momento, Astolfo, encolerizado, tomó su espada y dijo, “¡Le mataré aquí mismo!¡No puedo permitir que trate así a mi prometida!” Clotado lo detuvo, diciendo, “¡Espera!¡Él nunca había visto a una mujer!¡Ten paciencia!” Enseguida, Clotado fue con Segismundo, y le dijo, “Segismundo, compórtate, te lo suplico. Estrella es tu prima y va a casarse muy pronto con Astolfo.” Segismundo miró a Astolfo y dijo, “¿Con Astolfo?¿Este sujeto no ha querido saludarme con la debida reverencia?¡Ja!¡Me opongo! Y como la palabra de un príncipe es sagrada, no habrá boda.”
     Uno de los hombres allí presentes le dijo, “¡Mi señor! Precísamente porque sois un príncipe, debéis demostrar cordura, y respetar a las damas de esta corte. El caballero Clotado os enseñará a cuales de ellas podéis galantear y cómo os está permitido hacerlo.” Segismundo le dijo encolerizado, “¿Y quién eres tú, miserable, para decirme lo que debo hacer? Apártate o te tiraré por el balcón.”  Segismundo tomó al criado por sus ropas, y éste asustado le dijo, “¡Oh, mi príncipe, vos no haríais tal cosa con un pobre criado como yo!¡Eso no sería justo!” Segismundo le dijo, “¿No?”
     Enseguida, ante el asómbro de todos, Segismundo lo levantó, y lo llevó al balcón, diciendo, “Habréis de sabe todos que nada me parece justo en siendo contra mi gusto. Esa es mi consigna, además, yo nunca amenazo en vano.” El criado gritó, “¡Nooo!¡Auxilio!¡Bájeme, señor, se lo suplico!” Clotado dijo, “¡Segismundo!” Segismundo lo lanzó al aire, diciendo, “¡Allá abajo aprenderás cuál es tu lugar, bichejo atrevido!” Rosaura abrazó a Astolfo y dijo, “¡Dios mío, qué horror!¡El pobre se estrelló contra las rocas!” Clotado se acercó con miedo a Segismundo, y le dijo, “¡Estas labrando tu propia desgracia, príncipe! Pues con tu soberbia y tu crueldad, demuestras que los hados tenían razón.”
     En ese instante llegaba el rey Basilio, quien por primer veía a su hijo, diciendo, “Así que tu primer día en tu palacio ha costad ya la vida de uno de mis servidores.” Clotado dijo, “¡Majestad!” Segismundo habló, “Así que tu eres el tierno padre que me hizo encerrar en una torre desde recién nacido. ¡Vaya!¡Por fin estamos cara a cara!” El Rey Basilio dijo, “Por más de veinte años soñé con el momento en que te estrecharía entre mis brazos. Tu cautiverio ha amargado mi vida tato como la tuya. Veo que eres un hombre extraño, violento, despótico y cruel…¡Tus ojos no me miran con el respeto que un hijo debe a su padre!” Segismundo dijo, “¿Respeto?¿Y cómo podría un salvaje, un preso vitalicio e inocente como yo, respetar a quien lo ha mandado encarcelar por un simple presagio? Si soy todo eso que dices, se lo debo a la amargura y al dolor en que crecí. Y ahora tienes razón en temerme porque soy tu peor enemigo.” Aquellas duras palabras habían dejado mudo de dolor al rey, quien se retiró, con Clotado, diciendo, “¡No quiero escuchar más!” Clotado le dijo, “Perdonadle majestad. ¡No sabe lo que dice!¡Está muy confundido!”
     Durante los días que siguieron, Clotado encargó a Clarín que vigilára de cerca a Segismundo. El príncipe simpatizó con el criado de Rosaura, desde el primer momento. Un día, dando un paseo, por los jardines del castillo, Clarín dijo a Segismundo, “De todo lo que has descubierto, ¿Qué es lo que más te gusta, señor?” Segismundo le dijo, “¡La mujer, Clarín!¡La mujer es el misterio y es la luz del mundo, un breve cielo, diría yo.” Entonces, a la distancia, vieron a  una mujer bajo un árbol. Clarín pensó, “¡Rosaura!¡Ojalá que el príncipe no la reconozca!” Ambos se acercaron. El príncipe aún no sabía cómo tratar a las mujeres. Segismundo la tomó del hombro y le dijo, “¡Me gustas!¡Eres hermosa como la luz del día! Quisiera besar tus labios.” Rosaura dijo, “¿Eh? ¡Déjame ir, señor! Yo…¡Amo a otro hombre!”
     Segismundo la tomó de los brazos y le dijo, “¡Soy el príncipe y te prohíbo amar a nadie que no sea yo!¡Dáme un beso, enseguida!” Clarín había ido a avisar a Clotado, por lo que en ese momento llegó, diciendo, “¡Basta!¡Suéltala enseguida!¡Rosaura es mi sobrina, y yo respondo por su honor!” Segismundo le dijo, “¡Estoy cansado de tus intromisiones, vejete!¡Debí matarte hace mucho!” Segismundo tomó a Clotado del cuello, entonces Astolfo sacó su espada y dijo, “¡Deja en paz a ese noble anciano que ya no tiene edad para pelear, y lucha conmigo, ya que quieres derramar sangre!”
     Segismundo aceptó el reto, y lanzó la primera estocada. Astolfo paró el golpe hábilmente, y atacó después, pero sin éxito. Sorpresivamente, una voz se dejó escuchar, “¿Quién pelea en mis jardines?¡Vamos, rufianes, enváinen de nuevo, lo ordeno!” Clotado dijo, “¡Majestad!” Astolfo obedeció envainando su espada, diciendo, “Siempre he sido obediente a los mandatos de mi rey.” Segismundo le dijo, “¡Un cobarde es lo que eres!¡Vamos!¡Continúa la lucha!” Astolfo dijo, “No haré tal cosa en presencia de su majestad. Así que mátame si quieres.” Segismundo envainó su espada, diciendo, “Dirán luego que te sorprendí sin defensa. ¡Ja!¡Dejaremos este asunto para más adelante!” Enseguida,
     Segismundo se dirigió al rey, diciendo, “Y en cuanto a ti, mal padre…también te ajustaré cuentas pronto, por todos esos años en que me tuviste encerrado, y apartado del mundo.” El rey dijo, “¡Qué espanto siento ante este hijo mío! No puedo permitir que reine mi muerte un ser tan cruel y violento. Haría de mi reino un infierno. Será mejor, Clotado, que lo regreses a la torre, ya que los hados tenían razón respecto al mal signo que precedió su nacimiento.”
     Pasada la tormenta, y una vez que el rey y Clotado se retiraron, Astolfo se sorprendió de ver a Rosaura, quien venía acompañando al rey. Astolfo le dijo, “¡Rosaura!¡Eres tú! Pe-pero…no comprendo qué haces en la corte.” Rosaura le dijo, “El noble Clotado me adoptó como sobrina.” Astolfo dejó entre ver una expresión de celos, y dijo, “¡Sobrina! Tu belleza debe haber hechizado al ministro, como me hechizó a mí.” Rosaura reaccionó, diciendo, “¡Eres el mismo infame que me hizo tantas promesas de amor, y luego me abandonó! Ahora sé que has venido a casarte con Estrella, y me pregúnto si ella sabe la clase de canalla que eres.” Astolfo la tomó por la espalda y le dijo, “¡Vamos! Tú no eres una paloma, querida mía, puesto que vienes aquí, conquistas a un pobre viejo y vives con él haciéndote pasar por su sobrina. Acepta que el placer y la riqueza te importan tanto como a mí.” Rosaura le dijo, “¡Déjame!” En ese momento, de forma inesperada se escuchó la voz de una mujer diciendo, “¡Astolfo, quiero decirte que…!¡Oh! Pero…¿Qué es esto?¿Tú, abrazando a Rosaura?” Astolfo volteó, soltando a Rosaura y dijo, “¡Estrella!” La princesa se alejó de allí muy ofendida. Astolfo fue tras ella, diciendo, “¡Espera! Puedo explicártelo. No es lo que tú piensas...” Rosaura, llena de dolor pensó, “¡Me dá la espalda para ir tras mi prima! Debería odiarlo, pues me desprecia, me insulta…¡Ah, pero lo único que siento son unos terribles celos! Eso demuestra que aún le amo.”
     Algunos días después, Segismundo despertaba en su torre, diciendo, “¡Oh! Pero…¿Dónde están mis criados? ¡Clarín, ven enseguida!” Enseguida, Segismundo pensó, “Aquí no hay nadie que acuda a mi llamado. Tal vez nunca lo hubo. ¿Sería acaso un sueño aquello del palacio, y de que era yo el príncipe, hijo del rey Basilio, heredero legítimo de su trono? Por lo visto…¡Sigo siendo un solitario prisionero!” A continuación, Clotado hizo acto de presencia, diciendo, “¿Cómo te sientes hoy, Segismundo?” Segismundo le dijo, “Conmovido por un sueño que tuve, Clotado. En él me vi rodeado de honores y cortesías, a las que respondí con violencia y crueldad. Incluso a ti, traté de matarte dos veces.” Clotado le dijo, “¡Vaya!¿Y por qué tanto rigor conmigo?” Segismundo le dijo, “Porque me habías mantenido preso aquí, aún sabiendo que era un príncipe. Pero, ¡Lo mejor será olvidar un sueño tan raro!”
    A continuación, Segismundo se levantó entre sus cadenas y comenzó un soliloquio, “Sueña el rey que es rey, y vive con éste engáño mandando, disponiendo, y gobernando, y este aplauso, que recibe prestado, en el viento escribe; y en cenizas le convierte la muerte (¡Desdicha fuerte!); ¿Qué hay quien intente reinar, viendo que ha de despertar en el sueño de la muerte? Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece, su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende, sueña el que agrava y ofende, y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende. Yo sueño que estoy aquí, destas prisiones cargado, y soñé que en otro estado, más lisonjero me vi. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión. Una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: Que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”
     El Rey Basilio había escuchado aquel amargo soliloquio, no sin antes, derramar lagrimas, diciendo, “¡Pobre, hijo mío!” Clotado le dijo, “Está convencido de que soñó, majestad.” Apesadumbrados los dos ancianos se alejaron de la sombría torre, en sus caballos, para volver al palacio.
    Algunos días después, Segismundo escuchaba, afuera de la torre, una algarabía con unas voces que decían, “¡Viva el Príncipe!¡Liberemos al autentico heredero del trono!” Segismundo pensó, “¿Eh?¿Serán esas voces el inicio de otro sueño?” Los hombres entraron a la torre. Enseguida, Segismundo reconoció al líder de ellos, y dijo, “¡Clarín!¡Existes realmente!” Clarín dijo, “¡Mi señor!¡La guardia se ha sublevado al enterarse de que eres el hijo de Basilio!¡Venimos a sacarte de aquí!” Mientras un soldado le rompía las cadenas, Segismundo dijo, “Entonces…¿No fue un sueño?¿Estuve en el palacio?” Clarín dijo, “Te hicieron creer que lo era, porque intentaste matar a Clotado y luego a Astolfo en un duelo. Pero ahora serán nuestro rey.”
     Cuando Segismundo se disponía a partir en su caballo, a la cabeza de sus soldados, Clotado, montado en su caballo, los alcanzó a divisar a la distancia, y pensó, “¿Qué ocurre?¡Por Dios!¡Segismundo sin cadenas!” Cuando se acercaron, Segismundo dijo a Clotado, “Ahora sé que no fue un sueño lo que viví en el palacio. Voy a reconquistar mi derecho al trono de Polonia, por las armas si es preciso. Si quieres, puedes acompañarme y ser mi primer ministro, Clotado.” Clotado le contestó, “No traicionaré al rey Basilio. Puedes matarme por ello, si quieres príncipe.” Segismundo le dijo, “No lo haré. Aprendí que la magnanimidad y la serenidad son las mejores armas para un noble.” Segismundo montó a caballo y se alejó seguido de su gente. El Rey Basilio pensó mientras lo observaba partir, “Ya no es el hombre caprichoso, violento y sanguinario de hace unos días. Tal vez la profecía, después de todo, esté equivocada, y exista en él otro destino.”
     Algunos días después, en el palacio, Clotado informaba al rey, “¡Majestad!¡Gran parte de nuestro ejército se ha sublevado, y se declara partidario de Segismundo! Me han dicho que esta integrándose un numerosos contingente en los bosques y que pronto avanzaran contra nosotros.” La gente de los bosques era, en verdad, muy numerosa. Leñadores, campesinos, soldados, siervos, y toda clase de personas armadas esperaban tan solo una orden de Segismundo para arrojarse contra el palacio real. De repente, una hermosa joven llegó en caballo al campamento. Clarín la recibió con asombro, diciendo, “¡Rosaura!” Ella le dijo, antes de desmontar, “¡Condúceme ante el príncipe, Clarín!¡Debo hablarle!”
     Poco después, Rosaura explicaba a Segismundo, “Astolfo me enamoró y me abandonó para comprometerse con Estrella. La princesa se dio cuenta de su falsedad, y ha roto el compromiso. Pero Astolfo se niega a reparar su falta casándose conmigo. Sospecha que Clotado no es mi tío, y que mi relación con él, no es limpia. No sé qué hacer. ¡Yo le amo! Pero me indigna su actitud.” Segismundo le dijo, “No te aflijas más, Rosaura. Yo haré que mi primo repare sus faltas. En cuanto mi frente ciña la corona, él deberá obedecerme y creer en mi palabra.” Enseguida, Segismundo se dirigió a Clarín, y dijo, “¡Clarín!¡Reúneme a la gente! Ha llegado el momento de comenzar la batalla.”
     En el castillo del Rey Basilio, uno de los centinelas, desde la almena gritaba, “¡Vienen los rebeldes!” Ya en tierra, Astolfo comandó el ejército del rey. La batalla fue terrible y costó muchas vidas. Los rebeldes eran muy superiores en número, pero la guardia real estaba mejor armada. La situación se volvió tan crítica, que Basilio decidió intervenir personalmente. Mientras Estrella veía como vestían al Rey, para la lucha, le dijo, “Pero tío, tú no debes exponerte…¡Eres el rey!” Basilio dijo, “Por eso mismo, Estrella, debo levantar el ánimo de mis tropas, y darles el valor y resistencia que necesitan.”
     Los rebeldes recibieron con miedo la entrada de Basilio en la batalla, y aquellos que habían permanecido leales a la corona, recibieron la entrada con admiración. Uno de los solados leales gritó, “¡Es el rey en persona!¡Nadie se atreverá a tocarlo!” Otro soldado leal gritó, “¡Tenemos un soberano valiente!” La furia guerrera de Basilio se hizo seguir enseguida y causo numerosas bajas entre los partidarios del príncipe. Mientras hería con su espada a un rebelde, Basilio gritaba, “¡Así trata el rey a quienes lo traicionan!” Sin embargo, se impuso la fuerza de los insurgentes y estos entraron a sangre y fuego en el palacio real. Uno de los rebeldes gritaba, “¡Viva el príncipeeee!¡Muera el Rey Basilio!” Clotado se había metido en el fragor de la batalla, para salvar la vida de su soberano. Clotado, montado en su caballo, dijo a Rey, “¡Huyamos majestad!¡Todo está perdido!” Astolfo se les unió, diciendo, “¡Yo abriré brecha!¡Ponte a salvo, tío!”
     Clotado y Basilio se internaron en el bosque cercano. Mientras cabalgaban, Basilio dijo, “¡Un rey no debe huir!” Clotado le dijo, “¡Su vida es preciosa majestad!¡Ya recuperaremos lo perdido!” Pronto Astolfo les dio alcance, y dijo, “¡Sube a mi caballo y aléjate, tío!¡Yo detendré a tus perseguidores!” El Rey le contestó, “Yo lo haré también, mientras que quede un soplo de vida.” Pero ya era tarde. Segismundo y sus soldados, alcanzaron a los fugitivos. Segismundo dijo, “¡Así que mis hombres tenían razón cuando me informaron de que mi padre, el rey, se hallaba fugitivo por el bosque!” Basilio entregó su espada, diciendo, “Que se cumpla por fin tu destino, hijo mío. Aquí tienes mi espada. Mátame con ella y apodérate de una vez de la corona.”
     Pero en lugar de atacarle, Segismundo se arrodilló y besó reverencialmente la túnica del rey, y dijo, “Si no puedo ser un monarca digno como tú, prefiero abstenerme de ocupar el trono por la fuerza. Me entrégo y espéro tu castigo, pongo mi vida a tus plantas.” Basilio, conmovido, colocó su corona sobre Segismundo, y dijo, “Tu generosidad ha vencido oscuros designios que precedieron tu nacimiento, hijo. Con éste acto, has demostrado que serás el mejor rey que haya tenido Polonia, yo te coróno.” Uno de los soldado gritó, “¡Viva Segismundo Rey!¡Viva Basilio!”
    Uno de los primeros actos de Segismundo como rey fue hacerle justicia a Rosaura. Astolfo presentó su justificación ante Segismundo, diciendo, “Yo también ámo a esta joven, majestad. Pero un noble como yo, no puede por ley, casarse con una plebeya.” Clotado intervino oportunamente, diciendo, “Rosaura es hija mía, príncipe. Por tanto, tan noble como yo. Puedes casarte con ella.” Rosaura dejó escapar un sollozo, y dijo, abrazado a Clotado, “¡Lo sospechaba desde que comenzaste a protegerme y reconociste la espada que me había entregado mi madre!” Clotado dijo, “Fui un villano abandonándote, hija mía. Y el resto de mi vida lo dedicare a cuidarte, esperando que algún día me perdones.”        
    Unas semanas después, se celebraban las bodas de Astolfo y Rosaura, con gran lujo y solemnidad. Durante el baile, una de las damas, dijo a Estrella, “¿No te sientes despechada y ofendida por estas nupcias, Estrella? Muchos sabemos que, Astolfo era tu prometido.” Estrella dijo, “Claro que no, pues Rosaura es una joven integra y valiosa a quien yo aprecio mucho.” En ese instante, las trompetas sonaron y el pregonero anunció, “¡Su majestad, el Rey Segismundo de Polonia!” El apuesto y gentil monarca, atravesó el gran salón y se dirigió a una de las damas, sin duda, la más hermosa de todas. A continuación, Segismundo hizo una reverencia y dijo, “Querida Estrella, ¿Aceptarás bailar conmigo? Prometo que ahora sabré comportarme.” La música sonaba en el salón del castillo, y mientras bailaban, Segismundo dijo a Estrella, “Pedí a Clarín y a Clotado que me dieran clases de baile y de cortesía, todo esto para demostrarte en esta ceremonia, que no soy el patán que conociste. Y para pedirte, Estrella, con toda propiedad, y en nombre de mis más profundos sentimientos, que seas mi esposa y reines junto a mí en Polonia.”
     Una vez formalizado el compromiso, Estrella y Segismundo lo hicieron público y recibieron el cariño de sus gobernados. Alguien desde la multitud gritó, “¡Vivan el rey y la reina!” Después de la bendición nupcial, Estrella fue coronada por el propio Segismundo, y los cortesanos la aceptaron enseguida gentilmente, como soberana. Clotado dijo, “Felizmente para todos nosotros, señor, el negro vaticinio sobre Segismundo, no se cumplió.” Basilio dijo, “A veces las estrellas se equivocan.”
Tomado de, Novelas Inmortales, Año X. No. 521, Noviembre 11 de 1987.  Guión de: Dolores Plaza. Adaptación: Remy Bastien. Segunda Adaptación: José Escobar.